El asma y sus comorbilidades: ¿cambian en invierno?
Clasificar al asma como un padecimiento común, no hace justicia a la diversidad y extensión de su presencia en el mundo. De acuerdo con la edición más reciente del estudio Global Burden of Disease, unos 160 millones de hombres y 173 millones de mujeres en el mundo son diagnosticados con asma.
Aunque la mayoría de los diagnósticos ocurren en la infancia y no afectan por sí mismos la esperanza de vida respecto de la población no asmática, en la población adulta incrementa la exposición a factores de riesgo como patologías y comorbilidades que pueden contribuir a un desarrollo negativo de la enfermedad.
En estos casos aumenta la probabilidad de multimorbilidad, algunas en función de órganos específicos y otras, sin esta especificidad.
Así pues, el asma es un padecimiento que nunca termina de conocerse, pues su relación con cada organismo se modifica constantemente con el paso del tiempo. Por ello, es importante tener en cuenta que incluso las personas adultas que hayan sido diagnosticadas con asma y debidamente tratadas desde la infancia deben reevaluar periódicamente sus comorbilidades.
Esto, por supuesto, incluye tanto los cambios del organismo en una persona con el paso del tiempo, como las transformaciones naturales ajenas al organismo, como por ejemplo, el clima estacional. Es aquí en donde el aire frío y seco de las temporadas invernales juega un papel fundamental al evaluar, al lado de un profesional de la salud, el asma y las condiciones de cada persona.
Para entender cómo operan las afectaciones del asma a nivel anatómico en la población adulta, imaginemos primero la estructura de la mucosa nasal y bronquial -esto es, la parte central del sistema respiratorio en relación con el ambiente exterior: nariz y bronquios- en un organismo. Entre la mucosa nasal y los bronquios existe un epitelio respiratorio que es seudoestratificado, columnar y ciliado. Este sirve para humedecer y proteger a las vías respiratorias de agentes externos y posibles patógenos, como partículas; es decir, funciona como una barrera.
Una de las principales diferencias entre la zona de mucosidad nasal y la zona bronquial es que la primera presenta una red de capilares, arterias y sinusoides venosos, mientras que la segunda presenta músculo liso, altamente relacionado con las broncoconstricciones asmáticas causadas por factores alérgicos, emocionales (como asustarse intensamente) o el frío de la temporada invernal. Recordemos que, durante una broncoconstricción, las vías aéreas se hacen más estrechas, reduciendo o bloqueando el flujo de aire y la ventilación pulmonar.
Así pues, en el caso de la reacción al frío de la temporada invernal, no se precisan agentes patógenos (como polvo o humo de cigarro) para desencadenar la reacción. A veces, basta la exposición prolongada o ejercitarse un poco en un ambiente de clima frío y seco. Por ello, las previsiones y el plan de acción deben reforzarse antes del inicio de la temporada más fría del año.
Al tratarse de una enfermedad con comorbilidades distintas, multifactoriales, algunas estacionales, otras permanentes y sobre todo, que con frecuencia varían en el desarrollo de la enfermedad a lo largo de la vida de una persona, requiere de la supervisión continua de un profesional de la salud y el rediseño periódico del plan de acción que sea adecuado para cada persona.
La relación con alérgenos, humo de leña, cigarro, polvo o ácaros puede variar a lo largo de la vida, pero la temporada invernal siempre estará ahí independientemente de cualquier otro factor individual o ambiental. Por ello, una revisión constante de las comorbilidades asociadas en nuestro organismo debe ser con frecuencia un tema de conversación en las visitas periódicas al profesional de la salud.
El epitelio y su mucosa están relacionados con diversos padecimientos bronquiales y respiratorios. Por ejemplo, la irritación a largo plazo de las células epiteliales causa hipersecreción de moco y esta, a su vez, puede relacionarse con bronquitis crónica. Por otra parte, la rinitis alérgica, en ocasiones llamada ‘fiebre del heno’ presenta los signos usuales de un resfriado común, pero en el mediano plazo pueden incrementar el malestar al ser causados por la inflamación de la mucosa nasal o revestimiento mucoso. Padecimientos como estos pueden o no presentarse en personas diagnosticadas con asma, pero algo indudable es que al presentarse en combinación con esta, sobre todo durante la época invernal, pueden incrementar la intensidad y frecuencia de los ataques de forma significativa.
¿Cómo afecta, entonces, el frío a esta zona fundamental de nuestro cuerpo? En una persona asmática, la inhalación de volúmenes grandes de aire seco y frío -por ejemplo, al hacer ejercicio al aire libre- ocasiona pérdida de agua en el epitelio bronquial. Esta sequedad del epitelio provoca cambios en la osmolaridad (que es el grado de densidad de partículas en una sustancia, en este caso en la mucosidad) y este proceso, a su vez, induce la liberación de inflamatorios como histamina y leucotrienos, desencadenado la broncoconstricción.
Otra forma de llamarlo es que genera una hiperrespuesta de la vía aérea a estímulos ambientales: frío, cambio de temperatura, cambios en la humedad, etc. Este proceso es susceptible de presentarse en cualquier persona que viva con asma, pero puede incrementar su gravedad cuando la persona presenta comorbilidades como:
● Rinitis crónica: ya sea alérgica, no alérgica o esté asociada con pólipos nasales e intolerancia a la aspirina
● Sinusitis crónica o rinosinusitis
● Enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE)
● Apnea obstructiva del sueño o bien, trastornos respiratorios del sueño
● Trastornos psicológicos como -pero no exclusivamente- depresión o ansiedad
● Infecciones respiratorias crónicas o recurrentes
● Enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
● Alteraciones hormonales
● Obesidad
● Síndrome de hiperventilación
En conclusión, para afrontar de la mejor manera el inicio de la temporada invernal las personas que viven con asma deben consultar con un profesional de la salud cuál es el plan de acción adecuado.
REFERENCIAS
- Hyrkäs-Palmu, H. et. al. (2018) ‘Cold weather increases respiratory symptoms and functional disability especially among patients with asthma and allergic rhinitis’ en Scientific Reports 8. [Recuperado el 8 de noviembre de 2022] Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6031646/
- Larenas-Linneman D. et. al. (2021) ‘Manejo integral del asma. Lineamientos para México’ en Revista Alergia México. [Recuperado el 8 de noviembre de 2022] Disponible en: file:///C:/Users/HP/Downloads/880-Galera-7728-7-10-20210807.pdf
- Martínez, E. et. al. (2015)‘ ‘ en Monografía 1: La comorbilidad en el asma, Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica. https://issuu.com/separ/docs/la_comorbilidad_en_el_asma#:~:text=CONCLUSIONES%20En%20resumen%2C%20las%20comorbilidades,y%20el%20control%20del%20asma.
- Serrano, C. et. al. (2005) ‘Rinitis y asma: una vía respiratoria, una enfermedad’ en Archivos de Bronconeumología. https://www.archbronconeumol.org/es-pdf-13079841
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